jueves, 13 de noviembre de 2008

TLC: renegociación en tiempos de cambio

Albino Vargas Barrantes*

Son tiempos de cambio. América Latina ya nos los viene enseñando en los últimos años. Ahora parece que están llegando a los propios Estados Unidos. La elección de Obama como nuevo Presidente de esa gran nación, se supone que le dará rango de política de Estado a la promoción del bien común, a la justicia tributaria y a una relación con nuestros países bajo la condición de socios y no de súbditos.

Un grupo de congresistas y senadores demócratas, bajo la presidencia de Obama, desean impulsar un posible proceso de renegociación del TLC que aquí, en Costa Rica, nos fue impuesto con patrañas, mentiras, sobornos, clientelismo, miedo, violaciones inéditas a la institucionalidad y sumisión de los poderes del Estado a los dictados de los intereses económicos representados en los hermanos Arias. En el caso costarricense, el TLC es ilegítimo. Así de sencillo.

Un conjunto de personalidades políticas, partidos políticos, organizaciones sociales de todo tipo, intelectuales y ciudadanos patriotas, se han dado a la tarea de formular un primer planteamiento sobre los principios que deben inspirar un proceso de revisión del TLC; proceso que se trata de que sea abordado desde la perspectiva centroamericana en su conjunto. Tal proceso se basa en estos nueve principios:

Un TLC en el que si los EEUU mantiene subsidios agrícolas, nuestros países no tengan que eliminar las protecciones existentes a su propia producción alimentaria.

Un TLC que no obligue a nuestros países a garantizar a los inversores estadounidenses medidas extraordinarias de protección que, incluso, superan las que disfrutan en los propios EEUU.

Un TLC que proteja los derechos de propiedad intelectual de las industrias farmacéuticas y agroquímicas, sin exceder los acuerdos establecidos por la OMC (Organización Mundial de Comercio).

Un TLC en el que, así como nosotros respetamos la democracia vigente en EEUU, no se nos exija acogernos a mecanismos de solución de controversias que atentan contra nuestro sistema legal, asimismo democráticamente establecido.

Un TLC que establezca mecanismos apropiados para la protección del medio ambiente.

Un TLC que garantice la efectiva protección de los derechos de la clase trabajadora de acuerdo a los convenios internacionales.

Un TLC que promueva el comercio de mercancías industriales, pero que permite a los países centroamericanos proteger sus industrias emergentes.

Un TLC en el cual así como nosotros no obligamos a EEUU a privatizar, por ejemplo, sus actividades de investigación o desarrollo; no se nos obligue a la apertura de servicios públicos importantes para nuestro estilo de desarrollo y a ponerlos a disposición de las corporaciones multinacionales.

Un TLC que no liberalice la producción y el comercio de armas.

En todo esto ya se empezó a trabajar. La cosa va de nuevo. Aquí nadie se ha rendido y menos ahora en que el viento parece estar a nuestro favor.


*Secretario General Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP)

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